sábado, 25 de septiembre de 2010

El psicópata de Ñuñoa (por Rodrigo, Santiago)

(paréntesis televisivo: 1)


¡Soy inocente, soy inocente!- Se escuchaba oír luego de que los televisores fueran encendidos, como de costumbre, a eso de las 9 de la noche en el noticiero predilecto (de cada persona). Un joven era escoltado por Carabineros, y llevado a la patrulla como se suele hacer con quien comete un delito. Nadie notó lo brusco del uniformado, ni el tono sincero que ocupaba el imputado al ser catalogado como “psicópata”. La prensa lo atestaba con sus incandescentes flashes disfrazados de preguntas hambrientas de ser respondidas. Una colegiala, una secretaria, una profesora figuraban entre el amplio bagaje de víctimas que había atacado este violador. Las captaba en una plazoleta del sector, y las seducía ferozmente –aunque ninguna definiría esto como seducción- las ultrajaba hasta dejarlas sin dignidad, y luego las arrojaba a la misma rutina del mediodía, la rutina del regreso a casa. Los gritos del sujeto se callaron, y la patrulla se dispuso a marcharse a la comisaría… al otro lado de la televisión se oía una risa eufórica y estridente, se apagó la televisión y el verdadero psicópata se fue a dormir con una enorme sonrisa en su rostro.


lunes, 13 de septiembre de 2010

BRAILLE (Por Antonio, Santiago)

Puso mis manos con delicadeza sobe su cara. Sentí su piel fría, joven y sus labios rogándome por un beso. Me acerqué a su rostro, a tal punto de sentir el aire caliente emerger de su cuerpo. Fue un beso suave, un beso a oscuras. Ambos éramos ciegos buscando sentir la piel del otro. Nos tocábamos lentamente, como si estuviésemos leyendo nuestros cuerpos, donde cada forma representaba un sentimiento en nuestro propio braille. Como un niño que recién aprende a leer y busca pronunciar cada palabra que ve escrita, nosotros buscábamos darle sentido a cada curva del texto representado por nuestros cuerpos. Como primerizos, lentamente uníamos las letras y les dábamos un sentido único.



viernes, 3 de septiembre de 2010

Que feliz me siento

Que feliz me siento
Que un día
Tú y yo
Degollemos al silencio
Con nuestra muerte