jueves, 15 de julio de 2010

Libro blanco (por Rodrigo Fraile, Santiago)

La tinta de mi pluma se va acabando, la muevo con cuidado y me doy cuenta que no puedo seguir escribiendo. El recipiente con la tinta está casi vacío, las hojas de mi libro están llenas de frases y pensamientos; de locuras y aventuras; de penas y alegrías; de dolor y amor… Las páginas están completas, todo un año de vida escrito ahí, todo un año de vida plasmado en el papel. Me inclino en el respaldo de mi silla, miro hacía la ventana que se encuentra a mi izquierda, doy un suspiro y me doy cuenta que mi mano está cansada. Tomo el cuaderno desde la mesa donde estoy escribiendo, lo observo cuidadosamente y lo lanzo hacía la ventana. Las hojas vuelan una a una por los aires, y el viento comienza a llevárselas por su camino. Se elevan a lo alto del cielo, volando libres como el mismísimo viento. Vuelven a viajar, a ser historia, y quien sabe… si algún día serán leídas por algún expectante lector.

Me doy vuelta, vuelvo a sentarme en la silla, cambio el frasco antiguo de tinta por uno nuevo, del cajón de la mesa retiro un nuevo cuaderno, nuevas hojas y nuevas historias para contar. Pienso un poco, vuelvo a tomar mi pluma y me embarco en una nueva escritura.



1 comentario:

  1. Rescatar la escritura más que la literatura...rescatar aquellas hojas que van volando en el aire (libre)y que las letras hagan historias por si solas. Que no se acabe la tinta del tintero, que no tengamos amnesia en nuestros mensajes, denunciar y repudiar, amar por sobre todo, y reivindicar a nuestros antepasados que quiesieron creer en la libre inmortalidad de una narración o un verso...vamos Whispeper a darle más tinta al frasco...

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