miércoles, 28 de julio de 2010

En algún lugar del sueño

Supongo que la In-creatividad
es la no creación misma de algo
y el hecho mismo de que esto sea nada
lo hace todo para quien no lo lee.

Viva la suerte sin futuro ni pasado
vivan los días de sol sin maquillaje,
yo quiero huertos existenciales en el vacío de la nada.

Desaparezco
cada vez que alguien habla,
desaparezco.

El tono muere o nace.

Y si fuese más romántico:
tu cuello aisla un continente de excitación
cuando indicas con tu dedo el destino de los abortos.

Paso días sin saber quien soy
y aún así me alegra saber
que las noches brillan por si solas.

martes, 27 de julio de 2010

De Partida por Natalie Israí (San Felipe)



Esa noche helada de principios de agosto en Santiago de Chile, subiendo la escalinata del aeropuerto Arturo Merino Benítez; a nadie le llama la atención. Viste un abrigo largo, negro… tan negro como su pasado. En la mano derecha, la única acompañante que lleva, una maleta un tanto pequeña y vieja para tan largo viaje. Bajo un sombrero que mantenía enredado su cabello, en su mente daba vueltas una cierta especie de desilusión ingrata, y, a la vez, bien fundamentada: creía que nadie, o por lo menos gran parte de la gente que de verdad se esfuerza por lograr sus metas, se queda de brazos cruzados, mirando cómo se le escapa la vida sin cumplir sus sueños.
Y eso era justamente lo que iba a hacer, alcanzar un sueño de posibles y supuestos, de ilusiones con melodías que anhelaba desde que era joven, aunque sabía que el cumplir tal esperanza le acarrearía dejar atrás una familia que todo se lo recriminaba, uno que otro amigo simpático al que llamaría de vez en cuando, otra amiga, que se embarcaría luego en un viaje como el suyo (si es que ya no lo había hecho, por supuesto). Recordaba que varias veces lo habían conversado bajo cielos celestes y nubes llenas de tumores de olvido; cielos que se incendiaban a eso de las siete, bañando sus tertulias de ceniza… Nunca más la volvió a ver.
Pero no tenía pena, imposible sentir algo así en esos instantes tan suyos, su corazón latía cada vez con más ganas, tenía la sangre caliente y los pies y manos helados, las mejillas rojas y una emoción tan dulce; y en la boca un sabor amargo de rabia hacia la gente que dejaba atrás en ese país donde todo se hace a medias, así los ojos se le iban irrigando de sangrienta angustia “me cansaron estos desgraciados y aunque me moleste sentir esto sé que es lo mejor para todos. Son un grupo de palabras que pasan los límites de lo decoroso que me cansan tanto me casan me cansan me cansan me hacen vomitar. Si ni los poetas se limitan a putear lo puteable, suena feo soez o como quiera llamársele y antes de irme que sepan que son unos grandísimos hijos de la puta que los parió unos mierda de personas… no merecen nada de lo que se les da, mediocres en todas sus formas, buenos para nada, parásitos mundiales, básicos, fomes. Me voy, me voy me iré me escapo y no sé si volveré mañana”; murmuró entre dientes.
La mandíbula le quedó tan adolorida que sólo atinó a llevarse la amoratada mano vacía como compresa para su acalorada ira.
“Pasajeros del vuelo 58 con destino a Francia, favor de abordar el avión por el andén internacional 1B”. Abrió los ojos, había llegado justo al ansiado momento, el corazón ya no daba en sí de tanta alegría, lo sentía latir en sus labios, el sonido retumbaba en su cabeza, todas las ideas cargadas de rencor se fueron evaporando en cada paso hacia la fila de gente que sacaba y mostraba su pasaje ante una azafata bien peinada y muy sonriente.
¡Qué fila más eterna!
… Dos personas delante suyo… qué eternidad bombeante, una… por qué tanta demora… por fin, por fin…
-Espere un momento por favor- le dice la perfecta azafata que toma el teléfono y habla secretamente con alguien, le mira de reojo… “pero, pero, ¡qué está pasando! ¡ay Dios mio!”. Se acercan dos guardias, las manos le comienzan a sudar y a temblar.
-Disculpe usted, ¿nos puede acompañar hacia afuera?-. Su mente sólo repetía el eco de esas palabras sin sentido, convergían a sus recuerdos imágenes de la torre Eiffel (que había visto en fotografías y vídeos), del Arco del Triunfo, de un café con tartaleta de arándanos y frambuesas, el portal de aeropuerto, la feliz azafata y su sonrisa de muñeca plasticómica y falsa…
No se opuso a la salida, le llevan de los brazos cual peligroso criminal, en ningún momento soltó la maleta, no grita, no habla, parpadea rápidamente, el miedo rodeaba su cuerpo, los nervios le comen el cerebro.
Sentía las miradas de la gente que tanto aborrecía sobre sí, qué locura estaba ocurriendo, qué suerte de mala jugada le estaba haciendo la vida. Le dejaron afuera, en la gran puerta de vidrio, sobre las escalinatas de la entrada, sin explicaciones, ahogándose en dudas, pena y desesperación. Nunca atinó a decir algo, aceptaba calladamente la vergüenza que le hacía pasar el destino.
El administrador del aeropuerto, un hombre muy bondadoso y de ojos redondos radiantes de ternura, que en ese instante estaban concentradamente abiertos, atentos a cada movimiento de lo que sucedía, observaba desde el tercer piso la salida de esta intrigante persona de abrigo negro y sombrero, figura desvencijada y de tez tan demacrada por el cigarro, se le notaba lo del vicio:
-¿Se opuso?- dijo gravemente,
-No señor-
-Al menos ahora no grita como si le matasen, si vuelve, ya saben qué hacer … ¿dónde está?, ¿se fue?
-No señor, no se ha ido, sigue ahí en la puerta de entrada, de pie, no ha movido ni un solo músculo, nada-
-Mmm, triste situación la suya- y miró hacia el techo como buscando una respuesta entre las manchas de las moscas que revoloteaban la oficina de vez en cuando-cómo es que vuelve por tantos años y sigue haciendo lo mismo, nunca compra pasaje, nunca trae más equipaje …no entiendo-.
En tanto, se quedó allí bajo el amparo de una noche de estrellas invisibles, sobre el concreto extraño de la cuidad, atrás de un sueño hecho pedazos, delante de los matices del silencio, con la maleta vacía en su mano derecha que esperaba ser llenada de libros y “souvenirs”. Unas lágrimas tristes caían por sus mejillas, la nariz fría en ese noctámbulo horario de agosto, seguía pensando en la suerte de los malnacidos y en la desdicha de los triunfadores que no se alegran por sus premios.
Un perro que pasó frente a su oscura silueta, le meneó la cola, le lamió la gélida mano sudada. Despertó entonces del penoso trance, miró a la cosa peluda que pedía su cariño alegremente, lo observó de cerca, le acarició el lomo, le rascó la cabeza ¿perro o perra?, daba lo mismo; estaba rodeado de tibieza, como esos cafés dulces que tantas veces compartió con ella, la de apodo extraño y gracioso, la misma que nunca más volvió a ver. “ Te quiero tanto cachorro tonto” susurró, y tornó a llorar…

lunes, 19 de julio de 2010

La Vendedora de Almas por Juan Cuevas (Santiago)


Clarisa movia las regordetas manos con milagrosa destreza, era increible que una mujer tan fofa fuera capaz de producir miniaturas en mazapan con tan delicada estructura, uno tras otros los animalitos multicolores tomaban forma en aquel escondido taller de Galeria Central. En su estrecha vitrina se agolpaban sin orden ni concierto como invitados no convocados al arca de Noé mas pequeño del mundo.

Tenía años en el oficio y seguian acumulándose para juntar polvo, muy de vez en cuando algún transeunte le compraba uno por mil pesos solo por lástima.

No es buen negocio colocar una tienda de artesanías infantiles en una galería atestada de café con piernas y pequeños cines porno.

Pero Clarisa heredó el local de su madre y jamás quizo darle otra utilidad ni alquilarlo, aunque en mas de una noche se haya tenido que ir a la cama con una taza de agua caliente en la voluminosa panza y la almohada se le mojara con las lágrimas del fracaso.

Ella era la que compraba cuanta chuchería le ofrecían, inventaba historias del novio que vive con ella y que no demora en llegar, un poco como protección pero también como patética ilusión, nunca se casó porque el único novio real que tuvo la abandonó al descubrir que era estéril.

Por todo esto no fue difícil que a la vendedora de almas se le hiciera el negocio tan fácil.

Llegó con el verano vestida de negro, vieja y encorvada como enano de feria, se presentó ante el local y mirando las miniaturas le dijo que eran bonitas, pero les faltaban alma. La miró a los ojos y le dijo: “yo podría venderte las almas, así sin alma no te las van a comprar”. Luego le extendió su tarjeta personal.


Rebeca Toro

Vendedora de Almas


Sin teléfonos ni dirección. Clarisa tenía claro que se trataba de un engaño, pero quizo participar en el juego solo por ver que pasaba.

- Solo puedo venderte almas para las figuras humanas, almas de animalitos no tengo.

Clarisa explicó que ella vendía las figuras a mil pesos que su ganancia no era muy alta como para invertir en otro... ingrediente.

- Te regalo un alma para esta figurita, si la vendes a buen precio me pagas la mitad, no pierdes nada.

La chaladura parecía no detenerse y Clarisa preguntó con sorna:

- ¿Y me puede dejar ver el alma?, ¿las tiene aquí o las tiene que ir a buscar?.

- Está dentro del frasco que contiene este paquete, pero debes conservarlo fuera de la vista de la gente, ya podrás abrirlo después de hacer la venta.

Clarisa guardó el pequeño paquete de papel de empaque atado con un cordel barato. “Algún embuste de gitana”, fue lo único que pensó. Cuando la anciana se marchó llamó al guardia de la galería y le pidió que se quedara en su local toda la tarde por si la anciana regresaba, estaba a punto de contarle la experiencia cuando una pareja de turistas entró.

- Que figura tan maravillosa, ¿la hizo usted?. Clarisa no podía creerlo, la figura que tenía años sin que nadie se fijara en ella ahora era admirada como obra de arte, los turistas se la llevaron e insistieron en pagar 300 dólares por ella.

Todo un record para la figura con su recién incorporada alma. Al día siguiente la anciana llegó a cobrar, Clarisa le dió 150 dólares como buena chica porque le pareció lo mas correcto, además no quería engañar a la anciana, le seguía teniendo algo de temor.

Repitieron el trato y Clarisa guardó un segundo paquete en la parte de atrás. No tardaron en llegar dos nuevos clientes a comprar la pieza con alma, luego de unas sobreofertas la pieza se fue por el equivalente a 600 dólares. Clarisa ofreció al perdedor una nueva pieza de igual valor para el día siguente.

Al cabo de un mes eran mas de 30 los paquetes almacenados en la parte del fondo del local, Clarisa era una mujer adinerada como nunca soñó, pero seguía preocupándole el contenido de los paquetes, al tacto y tras sacudirlos un poco le quedó claro que eran frascos de vidrio con algún líquido, muchas veces pensó en abrir alguno imaginando toda clase de cosas, pero el pánico se apoderaba de ella, ya ni siquiera barría en el fondo del local, por el temor que le producían aquellos frascos.

A la quinta semana la vieja llegó como ya era costumbre a cobrar su mitad de las ganancias del día anterior y en tono severo le dió la mala noticia: “ya no me quedan almitas para vender, me vas a tener que ayudar a conseguir algunas”.

Clarisa no entendió y la vieja tuvo que ir ella misma al fondo del local y sacar uno de los paquetes, la asustada artesana abría tanto los ojos que parecía que en cualquier momento se le caerían al suelo, poco a poco los arrugados dedos safaron los nudos de cordel barato y desplegaron el papel de empaque dejando al descubierto un frasco de tamaño mediano en todo su esplendor. La vieja alzó el frasco a la altura de los ojos de Clarisa y pudo distinguir el macabro contenido, aún en posición fetal el impedido ser flotaba en un líquido amarillento.

-Con tanto café con piernas, seguro que mas de alguna chiquilla necesitará que le hagamos el trabajo- Comentó la vendedora de almas.

domingo, 18 de julio de 2010

Poco Queda - Mensajero (Quilpué)



Quisiera escribir ahora mismo sobre amor
pero en estos momentos no hay inspiración
ya poco queda de aquellas
noches magicas en que las estrellas parecian brillar solo
para nosotros.
Poco queda de las baladas que cada artista
nos dedico.
Y tambien poco queda de las miradas complices
que nos dabamos y con las cuales
coqueteabamos en cualquier cena, compromiso o reunion
donde hablar no se pudiera.
Poco queda de ese sol que nos bañaba en luz
y que hacia que tu cabello se viera tan claro y hermoso
sí, de ese sol que sabes nos daba calor en los dias
en que no estabamos juntos.
Poco queda de aquel mundo maravilloso que forjamos
donde existian 2 lunas
1 tuya y 1 mia, como dijiste, para no pelear por ella...
aquel mundo donde habia un jardin de rosas
solo para ti
y un inmenso barco que volaba para mi.
De Aquel mundo donde caminabamos sobre las nubes
y nos recostabamos
a ver las aves pasar poco queda ya.
Me gustaria decir que las montañas hoy se movieron
para ver detras de ellas el Sol escondido
como tu me decias inocentemente que sucedia.
Me gustaria pensar que seguiras escribiendome esas
cartas maravillosas, con las que tanto me hacias sonreir
y las cuales esperaba ansioso por horas.
Me gustaria poder seguir dedicandote versos
como un bandido en tu balcon,
muerto de miedo porque tu padre no me sorprendiera.
Poco queda tambien de las mentiras que deciamos
para poder estar juntos, de todas esas
cosas a las que nos obliga el amor.
Poco queda de tu imagen sonriente, de tu piel suave
y de tus labios delicados.
Poco queda de las peliculas bellas que aunque las vimos mil y una vez
eran las nuestras... y... y es que conociamos cada una de sus frases
y las deciamos antes de que ocurrieran y las risas adornaban nuestro abrazo.
Poco queda de tus celos tontos de tus enojos
y de tu nariz que se veia tan bella cuando te molestaba algo, con ese gesto de fruncirla
que hasta era capaz de hacerte enojar para ver semejante gesto...
Y es que te extraño tanto... lloro por ti
es que me duele no tener tu cuerpo junto al mio...
me duele saber que tan poco queda de todo lo que vivimos
me duele saber que un tipo...que un joven
ebrio y sin preocupacion de nada, te haya atropellado
y te haya quitado la vida... y asi de paso la mia
Poco queda del recuerdo de tenerte en mis brazos agonizando
haciendome jurarte que seguiria adelante...
Poco queda de tu aroma en mi habitación
poco queda de la sangre que tuve en mis manos
y de la desesperacion de ser inutil y un mero espectador ante
tu muerte...
Poco queda en mis labios de aquel beso que me diste antes
de cerrar esos ojos que siempre fueron lo más bellos...
Poco queda de mi...
y es que me encantaria decirte que encontre otra mujer que me amé
como me dijiste hiciera
pero sabes...
Mucho queda de mi amor por ti...
Me gustaria decirte que sí, las noches han vuelto a ser tan calidas
como lo eran contigo
pero no es así, la luna no nos sonrié...
y sabes solo hay una...
yo me quedo con la tuya y tu con la mia...
Te extraño, te amo y aunque poco queda
mucho sobra aun en mi corazón...




Fin...

jueves, 15 de julio de 2010

Libro blanco (por Rodrigo Fraile, Santiago)

La tinta de mi pluma se va acabando, la muevo con cuidado y me doy cuenta que no puedo seguir escribiendo. El recipiente con la tinta está casi vacío, las hojas de mi libro están llenas de frases y pensamientos; de locuras y aventuras; de penas y alegrías; de dolor y amor… Las páginas están completas, todo un año de vida escrito ahí, todo un año de vida plasmado en el papel. Me inclino en el respaldo de mi silla, miro hacía la ventana que se encuentra a mi izquierda, doy un suspiro y me doy cuenta que mi mano está cansada. Tomo el cuaderno desde la mesa donde estoy escribiendo, lo observo cuidadosamente y lo lanzo hacía la ventana. Las hojas vuelan una a una por los aires, y el viento comienza a llevárselas por su camino. Se elevan a lo alto del cielo, volando libres como el mismísimo viento. Vuelven a viajar, a ser historia, y quien sabe… si algún día serán leídas por algún expectante lector.

Me doy vuelta, vuelvo a sentarme en la silla, cambio el frasco antiguo de tinta por uno nuevo, del cajón de la mesa retiro un nuevo cuaderno, nuevas hojas y nuevas historias para contar. Pienso un poco, vuelvo a tomar mi pluma y me embarco en una nueva escritura.



miércoles, 7 de julio de 2010